Como un fluorescente encendido,
el conjunto de líneas en la libreta
me indican quién soy,
lo que cabe en mis entrañas y entre mis dedos,
la aversión de que me miren,
un aullido silente,
o tal vez dos,
saber que continúo aquí,
una caja de ibuprofeno,
despegar una pierna de la superficie,
y después la otra,
un café mixtificado
cuando en la calle empieza a llover,
eso que Max Richter solo sabe conseguir,
la cristalera,
el propósito de mi mirada que me permite imaginar la tiritona de las nubes,
sentirme forastero de este mundo,
vagar por una incertidumbre,
tropezar de nuevo,
estar a la altura del destino,
que la vida sea de mi talla,
el lujo del que escribe,
lo que necesito escribir,
lo que me agarra,
saber que siempre estarás,
Tú.
Canet
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