lunes, 28 de septiembre de 2015

Sin título 77


–Aparta esos libros de ahí y toma asiento.
Apuesto a que has venido para hacer tu trabajo pero seguro que tienes un rato para una cerveza y un cigarrillo. 

–Jamás bebo cuando trabajo y sabrás perfectamente
que fumar es adecuado para mí sólo cuando fumáis los demás.

–Tengo crema de calabacín recién hecha,
come un poco al menos, que es
visible que estás huesuda y siempre tienes frío.

Tomó asiento al lado de los libros
y fue tragando la crema pausadamente mientras yo la
observaba extasiado.
Todo era de humo, todo era paz.
De pronto se levantó y me dijo:

–Se acabó la comida, debemos irnos.
–Mi plato lo vacié hace tiempo...
–Mucho mejor, ya no queda nada que hacer ni nada que esperar.

Y nos largamos.
Ella iba delante y yo a la zaga observando ensimismado su
espalda oscura e infinita como la soledad.
Al llegar al portal empezó a sonar su teléfono móvil:

–Una desgracia –mencionó– alguien que me esquiva. 
Canet bien sabes que son los que más me gustan.
–Si es acuciante, por mí no te retrases, puedes irte y ya
nos citamos en otra ocasión para zanjar lo nuestro.
–Hasta luego Canet –su voz sonaba satisfecha–, nos vemos pronto.

La noche era más negra tras ella.

Regrese a mi casa y desde aquel día siempre tengo la mesa
preparada esperando su indudable aparición.

Canet

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