miércoles, 30 de marzo de 2016

Nuestros huesos.

Lo que más me apacigua de mi propia muerte 
es la representación de un lugar fijo: 
un lugar fijo en el que nuestros huesos sean enterrados, 
arrojados, exhumados juntos. 
Allí residirán dispersos en enmarañado fárrago. 
Tu tibia izquierda descansará sobre mis costillas.
Alguna falange de mi mano quedará dentro de tu pelvis.
El resto de huesos derramados como la tierra.
No deja de ser insólito
que esta representación de nuestra proximidad,
que nada interpreta sino una imagen de huesos que serán polvo,
me ofrezca una sensación de calma.
Así es.
Contigo puedo representar un lugar
en donde ser huesos o polvo es algo maravilloso.

Canet.

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