lunes, 10 de agosto de 2015

Perdidos

No se cubre de sol en los días pares,
ni disfruta caminando por las calles desiertas,
en cambio se pone un abrigo de lluvia
y se extravía entre la muchedumbre gris 
en busca de un ambiente que no esté viciado.

Tiene tatuajes como ramas de árboles,
en ocasiones es incomprensible,
turbia, ambigua
y se pone a leer para escapar de la reflexión,
nunca asiste a las citas de los bares sin flores,
colecciona viajes sin billete y sin fecha
y guarda un plano de itinerarios marcados
que lleva por confusos caminos desconocidos
e impide retroceder.

La vida no nos nombra,
nos desatiende por completo,
tan sólo se aproxima
cuando no la reclamamos
para hurgarnos en las entrañas.

La vida,
mala actriz de mil rostros distintos,
la bruja que diluye pociones en nuestra carne
y desencadena estallidos,
delirios, insensateces.

No avala, no pronostica,
no nos avisa
tan solo nos empapa
como esas lluvias de noviembre
y nos abandona en el camino
como insomnes,
sin brújula,
perdidos.

Canet

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