martes, 14 de junio de 2016

Autorretrato


Soy idiota. Eso es lo fundamental. Tengo buenos sentimientos, pero eso no es lo que ven de mí. De entrada solo ven a un tipo extraño. Encuentran enigmática mi extrañeza.
Eso no es tan malo. Pero cuando abandono el disimulo todo se dificulta. Soy un absurdo. Tal vez por eso no me fío. No sé apreciar lo que tengo.
Entonces, tan incoherente como soy, hay momentos en los que siento que soy el único responsable de todo lo que me está sucediendo.
No sé darme a conocer del todo, de hecho me importa un bledo. Detesto que sepan cómo soy de verdad porque me subestimo e imagino que a nadie le puede agradar mi insólito modo de ver el mundo.
Cavilo demasiado, qué gilipollas integral que soy, a veces llegué a pensar que era inteligente. Tuviste que aparecer en mi vida para hacerme ver que la persona inteligente es aquella que nada necesita. 

De todos modos, ahora que he descubierto que soy burdamente inculto, me gusto más. Hasta por esto debo darte las gracias. Eso lo hago a la perfección. Siempre te he agradecido lo mucho que me has dado, aunque en ocasiones de una manera difuminada, y otras desmesuradamente, lo cual ha propiciado a que me vean como un simple loco, pero eso no me preocupa.
Soy novelero, soñador y fantasioso. He pretendido hacer volar a algún lector y solo le he generado suspiros.
Pero también he logrado aletear. Y hacer aletear. Nunca creí que podría hacer feliz a una mujer como tú.
Soy quebradizo y me agarro a la bondad que me dan. A veces no sé estar solo. Aun así, hay ocasiones en las que parece que me gusta desaparecer buceando por mi mente.
Soy una especie de adicto a una soledad que detesto con toda mi alma. Me agrada el dolor, porque me imbuye pasión, y eso me hace estar más vivo.
Me creo poeta. Pienso que con un puñado de palabras puedo lograr lo que quiera, pero suelo engañarme con mis acciones.
Hago que esperen de mí más de lo que puedo dar. Y eso me hace sentirme pequeño, pero así es. Siempre he sido muy orgulloso, y me alegra ver que he logrado subsanarlo.
Te doy las gracias de nuevo. Me creo un rebelde, pero me paso el día haciendo cosas intrascendentes y ordinarias. Quiero contribuir a que el mundo cambie pero continúo pintando mujeres y casas.
No me siento español, pero me gusta españa. No pienso mucho en lo que haré en el futuro. No pierdo el tiempo pensando en ello. Mi mañana es estar a tu lado.
No obstante, a veces empiezo a pensar que acabaré en una espiral de terrible rutina. 
Por favor Silvia, no consientas que eso suceda, llévame a la Candelaria de vez en cuando.
Reconozco que puedo ser algo diferente. Muy distinto. Sé que a mis años, pocos -o nadie- hacen lo que yo. Veo cómo el resto consumen sus días en aislarse de todas las preocupaciones.
Me encantaría ser como ellos y sin embargo me zambullo en nuestros problemas, porque necesito saber que estoy capacitado para solucionarlos. Y puede parecer que no quiera la ayuda de nadie.
Soy todo generosidad y bastante benévolo, aunque eso no debería decirlo yo. Y por querer demostrarlo, termino errando.
Me conforta saber que soy una persona singular. Mezquino quizás, pero particular a fin de cuentas. Saber eso me ayuda y entorpece la vida a partes iguales.
He dejado de estremecerme, pero me estoy redescubriendo poco a poco.
Ahora más que nunca me necesito. Necesito volver a creer en mí para encontrarme.
Sé que consumo el tiempo escribiendo cosas de mi infancia, echando de menos la soledad del parque, pero continúo frunciendo el ceño y viendo al mundo del mismo modo. Sigo siendo un niño.
Sospecho que puede dolerte que me leas pero como te dije un día, no conozco otro idioma.
Sé que muy pocos pueden sentir lo que yo siento. Ahora me estremezco leyéndome, e incluso lloro al hacerlo, soy un maldito apasionado y jodidamente sentimental.
Y cuando deje de ocurrir, lo echare de menos, así lo creo.
Y algún día todo dejará de ser distinto.
Pero llegará el día, ocurrirá cuando no lo espere.

Todo, absolutamente todo está en mis manos. Ahora puedo empezar a fiarme de mí.

Canet.

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