martes, 12 de enero de 2016

Sin título 82



Un lloroso semáforo me observa en su parpadear. 
Un pájaro oscuro de mirada indescifrable 
se posa en su vértice. 

Una decrépita barrendera reposa su cuerpo abatido 
sobre un escaparate tras una ciudad por limpiar. 
El cordón sin atar de sus zapatos en el charco, 
me daña cual llanto. 

El viento suspira tenazmente y silba zurriagazos en los rostros. 
El sol se va ocultando tras las torres mientras lagrimea ocres un árbol desnudo. 
Una hoja atrapada en una alcantarilla casi no tirita. 
La sombra de un vagamundo oscurece 
un suelo de mierda. 
Un gato solitario de ojos afilados, ajeno al dolor del mundo, 
se lame las heridas. 
El crepúsculo va ocupando posiciones 
y la barrendera no se mueve. 

La hoja se desliza despacio por la acera, 
se percibe la melancolía del aroma a humo 
mezclado con el vacío. 

El silencio se apodera de la noche, 
se esfuman las aves oscuras entre los ramajes de hilo negro 
y la barrendera continúa sobre el escaparate. 

Canet

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