miércoles, 25 de mayo de 2016

Los cuarenta.

Me quedan pocos meses para cumplir los cuarenta y para mí ya todo es tiempo.
Cuarenta.
A esta edad creo se quitó la vida Pavese.
Se lo prometió a su desamor:
-vendrá la muerte y tendrá tus ojos- escribió.
Se tragó una caja de somníferos, metió las manos bajo la almohada y se quedó dormido para siempre.
En cambio, Virginia Woolf escribió antes de marcharse: “No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.”.
A los diez años me mudé de casa y todo cambió radicalmente.
A los veinte pretendí celebrarlo con mis amigos, por todo lo alto, pero era martes y no tenía amigos.
El día que cumplí treinta no lo recuerdo, solo sé que me sentí muy solo:
de ser un loco veinteañero pasé a ser un decrépito treintañero;
aquel día volví a ver el séptimo sello de Bergman, que trata de la muerte y de la existencia.
Pero los cuarenta se me presentan con una sensación de éxito total.

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