Powered By Blogger

miércoles, 25 de mayo de 2016

El reloj.

Mi compañero Oscar en sexto de egb me robó el reloj que me regalaron, el único reloj que he tenido en mi vida.
La primera vez que se lo mostré descubrí la avaricia reflejada en sus ojos.
-Un reloj autentico de acero, dijo.
El suyo tenía un aspecto sucio y era de plástico. Se lo dejé en muchas ocasiones, se lo hubiese dejado toda una vida tan sólo por ver de nuevo esa avaricia brillando en sus ojos.
Pasó el curso y no me di cuenta de que me lo había quitado hasta que me lo enseño luciendo en su muñeca.
-Mi reloj es una mierda, no cierra bien, dijo.
Inmediatamente reconocí mi reloj. Con la correa plateada y la esfera verde Esmeralda. Le encajé el remache y le ajusté bien la pulsera.
Después tan solo le dije que lo conservara bien porque era un gran reloj. Una vez reparado se lo entregué. La avaricia de su rostro se tornó en confusión.
El reloj me lo regalaron mis padres. Jamás les conté que me lo habían quitado. En ocasiones me da por pensar en ese capítulo y en mi reacción irracional. En por qué no le dije a Oscar que me diera mi reloj. Nunca tuve coraje o agallas para pelear, ni con diez años ni con casi cuarenta – al menos eso creo-. Aunque me quitaran la vida, encajaría el remache, me ajustaría y guardaría silencio como hice entonces.
Canet.

Los cuarenta.

Me quedan pocos meses para cumplir los cuarenta y para mí ya todo es tiempo.
Cuarenta.
A esta edad creo se quitó la vida Pavese.
Se lo prometió a su desamor:
-vendrá la muerte y tendrá tus ojos- escribió.
Se tragó una caja de somníferos, metió las manos bajo la almohada y se quedó dormido para siempre.
En cambio, Virginia Woolf escribió antes de marcharse: “No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.”.
A los diez años me mudé de casa y todo cambió radicalmente.
A los veinte pretendí celebrarlo con mis amigos, por todo lo alto, pero era martes y no tenía amigos.
El día que cumplí treinta no lo recuerdo, solo sé que me sentí muy solo:
de ser un loco veinteañero pasé a ser un decrépito treintañero;
aquel día volví a ver el séptimo sello de Bergman, que trata de la muerte y de la existencia.
Pero los cuarenta se me presentan con una sensación de éxito total.

Luz.

Se hunde la luz sobre los edificios en esta mañana lechosa de mayo camino de la oficina. 
La visión tal vez sea mía, no lo sé, pero la frase con que la entiendo y la vivo no, 
la escuché y la estudié con Marai y Dostoievski. 
Desconfío por completo que mi forma alocada de escribir coincida con sus deslumbrantes trabajos, pero ese modo de hundirse la luz sobre las fachadas para restaurarlas en un obsequio recién descubierto es algo…
Lo que pretendo decir, es que ya es de mi propiedad porque me la dejaron junto a otros bienes.
Sin ellos, a la caminata de hoy le faltaría poesía y representación.

Canet.

lunes, 23 de mayo de 2016

Lugares.


Terrazas, plazas, esquinas, parques. 

Lugares. 
Infinitos empequeñecidos. 
La silla frente al caballete. 
La estantería de Saramago y Marai. 
Los cines cerrados. 
Cada lugar con su recuerdo, 
la narración de una anécdota, 
el relato de un beso, de una caricia. 
Los sitios sencillos y modestos, casi sin historia, sin fama. 
Son los que se prefieren para estar, para hablar, para enamorarse. 
Se empapan de una leyenda, 
una mención y brindan su reconocimiento, 
su no pedir moneda de cambio, su hacer sentir bien. 
Los lugares diminutos, 
donde el tiempo no se para. Tampoco nos observa. 
Los nuestros, 
los inmortales. 

Canet.

jueves, 19 de mayo de 2016

Palabras III

Las palabras
en el portal de la poesía
deambulan tediosas de un lado a otro.
Si al menos supiésemos jugar al ajedrez
 - se dicen.
Suspiran. 
En ocasiones forman un círculo para narrarse intimidades,
pero de pronto se quedan pensando
y descubren que no esconden ninguna
en el baúl de arpegios con que se cubren.
Miran por los cristales del verso,
aunque sus ventanas cerradas les muestran
tan solo una vista gris oscura con grietas.
Solamente cuando alguien lee la poesía de veras
y por sus pupilas se filtra en lo escrito la claridad,
comienzan a recrearse y a alegrarse
las palabras.
Canet.

martes, 10 de mayo de 2016

Color.



Paisajista singular la primavera. 
Parece que hubiera derrochado 
la paga en comprar pinturas en el bar.
Verdemar, glaucos, cítricos. 
Cubre la ciudad o esboza los ramajes 
olvidando jaspearlos del todo.
Maldita virtuosa la primavera.
Sus cuadros son dificultosos,
radiantes, ruidosos.
Más retratista que paisajista,
deja los cuadros casi terminados.
Incompletas imágenes que el verano rematará.
Los árboles se compadecen de tanto gris.
Pese a ser una malísima pintora,
en el fondo la adoramos.
En los bolsillos de su chaqueta
esconde las simientes de todo color.

Canet.

Mi nombre.

Voy a escribir mi nombre millones de veces…
Tantas como sean necesarias
para entender que estoy,
que no soy irreal,
que no me escondo
ante la insensibilidad
de los que se alejan.
Trazaré mi nombre
con lo que sea:
con lodo, con tierra,
con jirones de mi piel o con mi sangre…
Si fuera imprescindible,
lo escribiré con carencias gramaticales
y con errores ortográficos,
lo escribiré en las paredes, en los árboles,
lo pintare en los tejados,
en las puertas de las casas,
en el asfalto y senderos que me a mi paso encuentre.
Y luego dejaré que la lluvia lo deshaga,
que lo arrastre el aire, que lo esconda la tierra,
y que el tiempo,
logre olvidarlo…

Canet.

viernes, 6 de mayo de 2016

Algo en la mirada...

Tiene centelleo, tiene algo en la mirada, algo tras los párpados, hay color cobre en el marrón de sus ojos, tiene tejido de vida, tiene audacia, tiene el nervio de la vida, la potencia del tiempo, en sus ojos, en su existencia, tiene color purpura en el rojo de su sonrisa, es la melodía silenciosa de una pieza olvidada, es la figura enmarañada de un destello, la apariencia del miedo, es un no sé qué en el espacio que habita y tiene una pizca de un color confuso que confunde su imagen, posee color, luz, nervio y existencia, y aroma a canela, y es sedosa como una promesa, y resplandece, y abrasa, y tranquiliza, y tiene sueños de color amarillo en el dorado de su risa, y vaga sobre el tiempo, y le quita su vigor, y llora, y tiene un lloro que incendia, que no calma, que intimida, que daña, que se extravía en una maraña de océanos.

Y regresa, y escala, y se mofa del tiempo, siempre se ríe del vaivén del reloj, y se apodera de su alma, es la ladrona de su energía, y sobrevuela el pasado, y huele a golosina, a golosina caliente, y tiene algo en la mirada, algo albino, algo plomizo, algo de un color impreciso, desteñido, y es el sonido ahogado de una caricia, el instrumento de una banda sin filarmónicos, los músicos se han marchado, y se queda ella, con tonalidad, con energía, la que le quitó al tiempo, y observa, y ríe, y se pierde en la maraña de océanos, y sonríe, y su alegría es azul, azur como la bóveda de la noche, y es una reverberación natural, existe, condensa la vida.

Ella posee luz, de sobra lo sé, tiene algo en la mirada, y su disposición de vida que despista, y me obsequia con el café de sus labios, y llena un espacio allí, en el sitio que tanto llena, por dentro y por fuera, y tiene color, es marrón, es roja, es amarilla, es azur, y blanca, y plomiza, y se baña en el océano enmarañado, y me ofrece su mano, y me lee, cuánta vida que me lea, y tiene algo en los ojos que coagula el juicio, y es tersa como su piel, y posee la fortaleza de mi existencia.
Tiene centelleo, tiene algo en la mirada…

Canet

Sus sueños.

Silvia siempre supo de qué elementos están formados sus sueños... 
Algunos son de papel plata, 
otros de ligera porcelana; 
algunos de nubes, 
otros de música y tabaco. 
Los hay también de brisas y pétalos secos, 

o de libros y mar.
Sabe que al abrir los párpados, dejaran diferentes gustillos en la boca:
a chocolate, a queso, 

a lágrimas saladas, a pan tostado, a mango amargo...
Los sueños moldean la parte de lo que somos 

y Silvia cosecha los suyos presta a encontrarse 
y a admitirse en ellos.

Canet

jueves, 28 de abril de 2016

El primer rayo de luz.

En la cocina la cafetera está silbando.
El agua se empeña en cumplir su deseo de convertirse en nube. 
Una enramada de poto tararea apasionadamente
sobre el lateral del frigorífico. 
En la mesa del comedor, al lado de un par de libros,
hay dos tazas en línea y, en el centro,
un frutero del que brotan manzanas.
En el tocadiscos suena un nocturno de Chopin.
El primer rayo de luz alarga su brazo hasta la nuca del caballete, que reclina el lienzo sobre nosotros.
Canet.

Sin título 88


Tus botas de niña que llega tarde a la escuela
te distancian del beso de la mañana que acabamos de regalarnos
como víveres para el resto del día.
Veo mecerse casi al final de la calle tu chaqueta de color aceituna 
diciéndome hasta pronto con ansiedad de andén ferroviario.
Hasta luego, le contesto con los párpados, y la mano se levanta para moverse a su compás.
Puedo sentir la oscilación de tus pendientes del museo del oro,
devotos centinelas de la imagen arcana.
Y ahora que me fijo
tan solo me queda un poco de arrebol de tus labios
sobre el cuadro que todavía no he pintado y
que probablemente jamás pinte.
Canet.

miércoles, 27 de abril de 2016

Días tristes.

Recuerdo que éramos tan desgraciados 
que en la madriguera yo hacía de cebo. 
Completamente a solas en la habitación, 
lograba escuchar al otro lado del tabique 
como iban de aquí para allá, 
estremeciéndose y dando vueltas en la cocina.
-Vivimos días tristes-
me decía la abuela peinándome con su mano.
Pasó el tiempo y
mi padre se compró un abrigo de piel de rata que desempolvaba
hasta que las moléculas alumbraban el comedor.

Canet.

lunes, 25 de abril de 2016

¿Te das cuenta?

¿Te das cuenta?
nuestra casa está perfeccionada.
Siempre nos encontramos. Estamos.
Por la tarde nos colamos en la pupila del otro
y los indicios del sol le roban al horizonte y, 
en señal de cumplido,
esparce esquirlas doradas sobre nosotros.
Todo es nuestro.
Absolutamente todo.
El violeta del cielo y sus nubes:
los cuatro puntos cardinales de oriente a occidente,
el espejo del océano, la inmensidad de Río,
del universo su calibre y la manivela del planeta que pisamos.
¿Te das cuenta?

Canet.

miércoles, 20 de abril de 2016

Sin título 87


La claridad de la mañana escribe adagios 
sobre los tejados azafranados del barrio.
Como un aprendiz más, desde primera hora de la 
mañana me pongo a escribir las palabras de siempre, 
que corregirán como siempre las sombras del atardecer.
Me gusta que el suelo me indique la línea a seguir.
Que las ramas y sus habitantes alados
correteen sobre las ventanas.
Que el ocaso le agregue tonalidades púrpuras
con su paleta de matices.
Y disfruto revelando insólitos significados a las palabras que escribo en los tejados cada día con mi pincel.

Canet.

Un poeta incomprendido.

Silvia:
En su época Bukowski era etiquetado como un poeta incomprendido.
Así que abrió una nueva botella de vino y sin preocuparle mucho llegó a entender
que nadie puede ser comprendido por sus contemporáneos, es necesario que llegue la próxima generación.
Tarkovsky lo afirmó con menos sensibilidad: al igual que una película se construye en el estudio de rodaje,
la vida tan solo puede ser entendida después de la muerte.
Y en el caso de Bukowski es desoladamente indiscutible.
La muerte comenzó a hilar para los que aun vivimos la vida deshilvanada que siempre llevó.
Y a tejer una leyenda que no cesa de crecer.

Canet.

lunes, 18 de abril de 2016

Mapas.


Ardua tarea la de orientarse en la ciudad
de disparates que envuelve lo literario.
Escribo unas líneas en la libreta y sé perfectamente
que no hay nada ni nadie detrás, 
pero sin embargo,
la consistencia de un hábito las protege y les otorga significado.
Escribo en esta pantalla otras líneas que al momento fluyen por aquel enjambre llamado red
y estoy seguro que hay gente las lee,
pero sin embargo,
con qué abandono se quedan ahí, temblando.
Después salen en alguna revista y con dificultad alcanza a varias decenas de lectores.
Existen mapas para situarte,
pero a la vez es como si nada hubiese allá fuera.
Canet.

viernes, 8 de abril de 2016

Tan solo quedamos tú y yo

Hemos llegado a la vida con cierta demora.
Faulkner se marchó,
Márai se voló la tapa de los sesos,
no queda nadie para que nos guíe
por el meandro de la sabiduría. 

Ha empezado una guerra
en las tabernas;
y ya todos han decidido
que no les gusta Oscar Wilde
ni Ingmar Bergman;
reposan escondidas
las putas de Laurtrec;
Camus absurdamente ha estrellado
su coche
y ahora me ha dejado la novela incompleta.

Y no quiero hablar de los muertos
que continúan vivos en nuestras estanterías.

Tan solo quedamos tú y yo,
impulsándonos en los descosidos de Abril.

                                                                         Canet

jueves, 7 de abril de 2016

Las cosas por su nombre

Elimino la simbología y sus ceremonias
para llamar a las cosas por su nombre;
expulsada la poesía y las quimeras,
hablaré el idioma de los mortales.
Lo que galopa por mis venas no es un torrente:
le llaman sangre.
El pensamiento no es naufragio ni una embarcación.
Carne el corazón, tirita y late.
No existe en el destino la ejecutada
serie de circunstancias del azar:
a esto que me hiere le digo vida.
Algún día le dirán muerte.
Sólo un símbolo aún bendigo:
siempre diré,
que el amor,
es de una singularidad milagrosa.
Canet.

viernes, 1 de abril de 2016

Aguacero.


El aguacero dibuja caminos de agua en la acera, 
cauces ruidosos 
que dan volteretas ingenuas sobre las paredes, 
que reptan sobre las ventanas
 o que galopan hasta asfixiarse. 
Obsequia un lenguaje fértil escrito 
sobre los pétalos y las hojas, 
sobre la tierra, sobre los paraguas; 
en cualquier lugar su caligrafía reluciente
y acuosa testifica su avance.
Traduce armonías de delicada belleza,
el goteo de un canalón,
el quejido inquieto de un charco al ser pisoteado
o el canto de un arroyo orillado en la carretera.
Hay que estudiar a la lluvia con fervor de devoto.
En ella se logra pasar desapercibido.

Canet

Escribo por la mañana.

Escribo por la mañana.
La detallo para ti.
Los incendios de claridad que abandona el sol de marzo
sobre los cristales de la torre.
El aleteo de mis pájaros cuando el claxón de un coche los espanta, 
son tantos los que despavoridos se alejan de los ramajes
que parece que es el mismo árbol quien sale volando.
En una página de word
que cincelo con serenidad de escultor voy modelando la mañana.
Para que puedas verla cuando salgas por la tarde.
Aunque te quedes dormida,
para que la reconozcas cuando despiertes a mi lado.

Canet

miércoles, 30 de marzo de 2016

Habitar.


Mis muebles, mis mausoleos, mis extramuros,
ciudad empedrada y gris
y yedras
donde la noche brilla en las ventanas.
A la orilla de tu nombre me inclino,
las pestañas húmedas de pensarte,
la piel pintada por los ramajes
Si hablamos de habitar
habito en ti.

Canet

Me largo

Me largo hacia el lugar de las áridas
explanadas de mi corazón ,
donde hay un jardín con olor a lavanda
y silencios que se alzan como madreselva.

Allí residen mis arcángeles y los diablos
que caminan mis páramos
y,
escondido en el dorso de la luna,
un niño que conversa con los pájaros.

Estaré disfrazado de hombre invisible,
sin estructura o gravitación, como el azul celeste,
quimérico, cuan eje del confín,

entretejiendo posibles cuerdas
con esta fiel aversión y esta rutina
de no esperar nada de nadie.

Canet.

Lejos de la poesía


Y repentinamente un verso, 
uno tan solo, vehemente, desaliñado,
iracundo y grasiento,
sin penas ni tormentos,
como un navajazo justo en el pecho,
que muestre los embustes y traiciones,
el fraude que hice en mis certezas,
los sueños esfumados,
mi escasez de misericordia, mi indolencia,
las trampas en el camino, el trapicheo
que cometí en mi propia historia,
un verso que brote en mis vísceras
y se infecte 
y después muera con la última palabra.

Siempre habrá armonía después de la música
y un nuevo lugar lejos de la poesía.

Canet.

Es poesía

Me encontraba al borde de la tarde con mis compañeros: 
Poetas de incógnito, sumidos en una discusión sobre la vida misma, y yo, aunque parezca insólito, permanecía en silencio.

La vida -decía uno sin alguna duda-, es simplicidad. 
Es nuestra obligación despegarla de los remolinos de la complejidad. ¡A la mierda ya tanta sombra!

¡Todo lo contrario! -contradecía otro-, absolutamente convencido.
La vida está sumergida bajo los charcos de lo esencial. Debemos empujarla hasta el fondo del raciocinio. ¡Estoy hasta los cojones de tanta filosofía masticada!

El debate se meneaba ora en este y ora en el borde opuesto y cada vez más sangre salpicaba.

Un cuervo voló sobre nuestras cabezas. Sus alas traían la sutil felicidad de esta jornada de ojos grises. Y se lanzó de inmediato a la caricia eterna del crepúsculo.

El cuervo no volaba de forma sencilla, ni tampoco de modo complejo.

Sencillamente era poesía.

Canet


Seísmo

Y qué, si furtivamente 
me escondo 
en los extrarradios 
y recopilo renglones 
sobre la hoja sucia de la libreta. 

Y qué si me atrae
lo agónico
lo desfigurado
lo mojado y
su molesta tonalidad,
y qué si lloro una poesía.
y la desangro
-¿y qué?-
todo seísmo tiene su réplica.

Canet.

Mis pájaros

Mis pájaros no paran de clavar en su lugar 
los enormes tejidos del cielo, 
de dibujarle pueriles nubes, 
de esparcir las moquetas que aparentan ser carreteras sucias 
y marchitar el papel de las aceras 
por donde pisotean los humanos. 
Tenaces, 
mis aves de ciudad preparan cada mañana
la decoración del gran espectáculo de la realidad.

Canet y sus pájaros.

Líneas escritas

Penetrar
en este mundo
y caminar
por el ocre de la mañana.

Caminar y observar
prestar atención:
hojas azafranadas
que tiritan con la brisa
un gorrión en una rama
su canto
la acera
que revela al cielo
en mechones plomizos
escaparates enjuagados
cigarros sin apagar
los andares altaneros
del hostelero
gato negro a tientas
en el cubo de basura
ojos cegadores.

Las líneas escritas se amontonan
hacia un modo de escribir
que codicia algo más
que el solo hecho de plasmar poesías
con símbolos despuntados
y con lamentos íntimos.

Gigantesco mundo
y la sensación de algo que ha de ser escrito.

Canet

Nuestros huesos.

Lo que más me apacigua de mi propia muerte 
es la representación de un lugar fijo: 
un lugar fijo en el que nuestros huesos sean enterrados, 
arrojados, exhumados juntos. 
Allí residirán dispersos en enmarañado fárrago. 
Tu tibia izquierda descansará sobre mis costillas.
Alguna falange de mi mano quedará dentro de tu pelvis.
El resto de huesos derramados como la tierra.
No deja de ser insólito
que esta representación de nuestra proximidad,
que nada interpreta sino una imagen de huesos que serán polvo,
me ofrezca una sensación de calma.
Así es.
Contigo puedo representar un lugar
en donde ser huesos o polvo es algo maravilloso.

Canet.

Desavenencia gramatical



Este ser tetrápodo
no sabia de amores
ni del riesgo de sentirte.
Y hoy
enfermo
de desavenencia gramatical
me muero por amarte.

A s.r

Canet.

martes, 29 de marzo de 2016

Martes.

Hoy martes las nubes agonizan,
se arrojan hacia las ventanas en repetidos impactos.
Se puede escuchar a la lluvia que viene suspirando
y un rumor de locura que te menciona.
Taciturno como un muerto,
entristecido como un verano,
observo las imágenes hediondas
que se colocan tristes en esos asientos
como si retornaran de un país lejano
para establecerse aquí por siempre.
Sin los habituales accesos de locura
las imágenes habitan en mi martes,
acampan entre la planta 47 y el cielo raso
mientras las nubes se arrojan hacia las ventanas...
nombrándote.

                                                                                       Canet

miércoles, 16 de marzo de 2016

Cuando me haya ido.

Cuando me haya ido del todo en un recoveco del armario
encontraran una maleta vieja con la humilde liquidación 
de mis bienes:
mi legado de pertenencias libre de impuestos.

Jamás pude guardar cartas porque no recibí ninguna,
tampoco tarjetas navideñas, ni fotografías.
No hallarán pétalos marchitos en las decrépitas páginas de mis libros
ni post it arrugados con versos.

En la maleta de enseres ya sin uso hay un par de zapatillas desgastadas
que calzaron mis pies para encontrarte
-nadie supo que eran aladas-;
algunos anillos y pendientes, brillantes, como mi mirada cuando te contemplaba;
camisetas pasadas de moda que no podrán ver
las señales de tus manos en mi piel.

Canet.

En el lugar donde siempre nos descubrimos.

En el lugar donde siempre nos descubrimos 
te presentas sin haber llegado de ninguna parte, 
vestida con una prenda gris cielo. 
Atas tus brazos-cuerda a mi cuello 
y mi camiseta y tu prenda se envuelven en nuestro abrazo, 
primero,
y más tarde continúan enlazadas,
como la materialización de una metáfora,
cuando resbalan y se hunden en el suelo
y son nuestras pieles las que se conmueven al frotarse.
Y después,
rompe el día y te veo dormida a mi lado
en el lugar donde el tiempo siempre nos descubre.

Canet

Sin título 86


Un frente de nubarrones negros se aproxima hasta aquí,
y según progresan se puede apreciar la sombra desparramándose por la superficie como un súbito anochecer.
Tal vez haya tormenta y Silvia pueda abrir la ventana de la oficina y escuchar la lluvia desde su sitio, fantaseo con ilusión.
De pronto, la vida se me antoja inaguantablemente preciosa.
Canet.

Demando:

 Demando: 
cuidados constantes, caricias, humildad, fervor, anticipación a mis antojos, beneplácito y complicidad, exclusividad, lealtad, promesas de infinitud, 
arrepentimiento en caso de ofensa, sedosidad y fortaleza, hacer el amor con frecuencia o tener lagunas sexuales sin incriminaciones de frialdad, 
tolerancia en los periodos melancólicos, un dulce tono de voz, miradas implorantes y conmovedoras, silencios, inmovilidad para dormir,
fascinación, puntualidad, elogios sin adular, estoicismo, talento para eludir el enfrentamiento y para pedir disculpas, amor desorbitado y absoluto,
detalles, una franqueza sin parcialidades, interés por los motivos domésticos, buen gusto para el cine y la literatura, salud, perspicacia,
sencillez y disponibilidad para peregrinar.

Ser mi compañera es un auto de fe y una enorme responsabilidad.
Por lo que respecta a mí, no soy nada codicioso y estoy presto a entregar como retribución lo mismo que demando.

Canet

Sin título 85





Navego, 

y regreso pedaleando
a esa multitud de soldados de plastilina
separados por distintas trincheras.

Y ahí estoy yo
construyendo una infancia incurable
esa que jamás volverá
porque aquí
en la madurez
nunca estaré a salvo.

Canet.

Desordenado.

Me desordeno
en diminutos huesos
que el cierzo consume,
que el amor agrupa
y  que el invierno vuelve a consumir.


Asciendo por un rascacielos
de eternos peldaños
-supongo que esto es ser poeta-, pienso
y continuo a través de la niebla y la pasión
cierro los ojos enarbolando abandonadas barbas,
esbozo una sonrisa
al llegar al final de la escalera
e incluso más allá de la metáfora.
Silvia resbalará por mis venas
y sabré que ya no necesitaré más.

Canet

Admito...


Admito mi tristeza, 
admito mi sensación de tipo triste 
y el daño que ocasiona, 
y en consecuencia, 
el dolor que me provoco. 

Admito que busco color y luz 
y la felicitación como déficit. 
La obligación como inseguridad. 
Admito mi falta de atrevimiento 
o de estilo 
como origen de todo. 
Mi desconocimiento, 
con su timidez, 
causa motriz de mi insurrección. 

Admito y reconozco 

que bebí demasiadas páginas embusteras 
y que bebí de más. 

Admito sonrisa adulterada 
como conflicto. 
Admito arrogancia 
como aniquilación. 

La fama como itinerario degenerativo, 
abandono de personalidad. 

Admito herida como caricia. 
Admito 
vuestra declaración de guerra. 

Prescindo de mi nombre, 
me libero, me desnudo, 
me desengancho… 


De este modo continúo en el sendero. 


Canet