viernes, 27 de marzo de 2015
De pronto
Y sin esperarlo,
de pronto,
como un rayo que te fragmenta en dos mitades,
sientes la inevitable necesidad de solidificar el tiempo,
nutriéndote de momentos en los que no caben el pasado o el leve temblor.
Sientes como te golpea la ausencia entre las ventanas manchadas de invierno,
la completa soledad entre cuatro paredes de un rascacielos
y la lluvia en forma de anhelo en el sexo.
Y sin esperarlo,
de pronto,
el sofoco está culminando
y es en ese momento cuando debes meterlo todo en ese destartalado
y caótico cajón que es tu alma.
Canet
Sin título 42
1.
Doce horas sin escribir tiene sus consecuencias.
Abro un documento Word,
bostezo,
la cabeza se me hunde entre los hombros,
también acaricio las teclas, pero no me atrevo a pulsarlas.
Verifico las últimas heridas
y pienso en una palabra que logre
despegar la costra,
que me otorgue sangre y mierda.
Doy vueltas en el asiento giratorio,
tomo aire…y cierro el archivo.
2.Una leve convulsión en los labios me advierte que el más brutal y aplastante menosprecio está al caer.
De poco sirven las anotaciones en los cuadernos,
el cigarrillo que me ayuda o ese boceto que presumía de ser una obra maestra y ha terminado manchado y en una bolsa de basura.
Espantoso es el vacío que suscita el sentirse abandonado por las resbaladizas y malditas musas.
Canet
Soy yo.
Soy todo lo que puedes encontrar en un cajón desorganizado.
Casado con la literatura hasta que mis ojos resistan e intento de poeta ocasionalmente.
Engullido por la música.
Jamás me arrepiento de lo que he hecho.
Soy arisco, testarudo, malhumorado, inquieto, sombrío, aparatoso, implacable, minucioso y circunspecto.
Todavía no me he planteado cambiar, le pese a quien le pese.
Soy yo, aquí estoy,
y estoy más vivo que nunca
y eso es lo que vale.
Canet
Tuyo
Son demasiadas veces cuando no la comprendo. Me refiero a la vida. Aunque me siento muy bien caminado con ella por las calles que no tienen placa en sus esquinas.
Desde siempre lo supe, soy un jodido romántico que cree en el amor y no en la humanidad.
Algunas veces te agarro de la mano, te la oprimo y te acaricio suavemente con el pulgar.
Ojalá nadie te haya amado como lo hago yo, aunque me costaría creerlo.
Moriría de un ataque de celos si supiera que te han acariciado. Aunque acepto que antes de mi hayan logrado amarte, romperte y reconstruirte.
Pero por favor, no me pidas que camine a tu lado si no es hacia el futuro, si no es desnudo, aferrado a ti y no al suelo que pisamos.
En poco tiempo hemos conseguido serlo todo y eso que no somos semejantes, seguro que ahí radica la eternidad.
La ilusión nos lleva a callejones resplandecientes y yo desconocía por completo que podía llegar a ser color principal de esta tonalidad tan completa y no me preguntes por el camino de regreso, la verdad, no sé cómo hemos llegado hasta aquí, pero me gusta. Le pido al universo que continuemos temblando, que se nos arrugue la piel y muramos cada día de la mano.
Y si algún día no estoy, no tengas miedo sin mí. Modifica mi nombre y sal a buscarme aunque no logres encontrarme.
Baila y léeme como a un sordo para que nunca me olvide de tu boca.
No permitas que te convierta en metáfora siendo tú todo mi lenguaje.
Tuyo.
Canet
Tumbados
Tumbados una noche más
bajo tu techo,
hasta nosotros llega la reverberación
de la existencia de otros:
aullidos impetuosos
(de rabia o de vino),
astillas inconexas
de deportes, telebasura,
noticiarios económicos y series de humor.
Se extinguen en la lejanía
las luces del nuevo verano
y la brisa de noche embrionaria
huele a inciensos y a ensueños.
Tumbados una noche más
bajo tus pechos,
en la paz cómplice
de este amor que es puro
tú, con tus gafas violáceas,
leyendo a los rusos de otrora,
y yo observándote como a una pintura
de damisela renacentista.
Aúllan los perros a la luna,
enfurecidos por los parásitos.
Y los grillos chirrían sus estrépitos
a las luciérnagas de neón.
Y yo soy tu eclipse en esta noche de junio,
una existencia que vela al acecho de la adversidad.
Tumbados una noche más
bajo el humo
tú y yo y la oscuridad
hablamos el lenguaje de signos
que acaricia tus ojos
en los míos.
Ya no somos dos, somos uno.
Ahora sabemos que el amor es sosiego.
¡qué pesar tan delicioso no tener que gritarlo,
porque tus ojos entienden lo que mi boca enmudece!
El viento agita al verano,
Tumbados una noche más
bajo la noche
amándonos en silencio.
Canet
bajo tu techo,
hasta nosotros llega la reverberación
de la existencia de otros:
aullidos impetuosos
(de rabia o de vino),
astillas inconexas
de deportes, telebasura,
noticiarios económicos y series de humor.
Se extinguen en la lejanía
las luces del nuevo verano
y la brisa de noche embrionaria
huele a inciensos y a ensueños.
Tumbados una noche más
bajo tus pechos,
en la paz cómplice
de este amor que es puro
tú, con tus gafas violáceas,
leyendo a los rusos de otrora,
y yo observándote como a una pintura
de damisela renacentista.
Aúllan los perros a la luna,
enfurecidos por los parásitos.
Y los grillos chirrían sus estrépitos
a las luciérnagas de neón.
Y yo soy tu eclipse en esta noche de junio,
una existencia que vela al acecho de la adversidad.
Tumbados una noche más
bajo el humo
tú y yo y la oscuridad
hablamos el lenguaje de signos
que acaricia tus ojos
en los míos.
Ya no somos dos, somos uno.
Ahora sabemos que el amor es sosiego.
¡qué pesar tan delicioso no tener que gritarlo,
porque tus ojos entienden lo que mi boca enmudece!
El viento agita al verano,
Tumbados una noche más
bajo la noche
amándonos en silencio.
Canet
jueves, 26 de marzo de 2015
Sin título 41
Pregunto por la sonrisa postiza
aquella,
la del florecimiento,
con la que uno debe ser más feliz.
Seguiré buscándola
cuando acaben las lluvias en
las tardes grises de la prisión del
quebranto.
Renunciar a ser como ellos
no es dimitir a estar vivo.
Tan solo me cuesta encontrarle sentido
a las cosas.
No sé
qué pinta una antiestética argentina
con rostro roedor
pretendiendo ser bonita –sin éxito-
caminando como una yegua desbocada
en medio de un silencio armonioso.
No lo entiendo.
Preguntaré por la sonrisa para cuando
pase la hoja del calendario,
tal vez no la haya perdido
aunque ahora no la encuentro.
Canet
Notas de marzo.
I.
Lo cruel es despertar
con la tristeza alojada en las zapatillas,
dejar caer el café con leche sobre la alfombra
y esperar que las larvas se pongan a trabajar.
Hay una blasfemia cuando llega la primavera
-parecida a la navidad-
que logra transformar a los humanos en diminutos pigmeos queriendo
saltar una frontera demasiado elevada.
Aseguran que tropezar no entraba en sus planes.
El porvenir,
permanece acostado en una cuesta de incertidumbres y mierdas.
Restauro el día cuando el sol impostor guarda silencio.
Jadeo
siendo hombre en el dolor
y en la saturación de mi propio aislamiento.
-
II.
El perfume a lo tenue
moléculas de fraudes imperceptibles y
las tinieblas que aparecen desde la soledad de una oficina
que rezuma inseguridad,
es la adversidad y la tristeza
de reconocer que la vida
pronuncia trastornada
la resonancia de las huesos hincados en la opacidad de nuestro caminar.
Me niego a que me arrastre la primavera,
necesito distanciarme de este océano que me lanza hacia la orilla de los sociales,
semiesfera asfixiada entre elementos de aire
y la siniestra muerte de las verdades.
Ya no quedan caminos
cuando la conceptualización del lenguaje
nos enmudece.
Canet
Lo cruel es despertar
con la tristeza alojada en las zapatillas,
dejar caer el café con leche sobre la alfombra
y esperar que las larvas se pongan a trabajar.
Hay una blasfemia cuando llega la primavera
-parecida a la navidad-
que logra transformar a los humanos en diminutos pigmeos queriendo
saltar una frontera demasiado elevada.
Aseguran que tropezar no entraba en sus planes.
El porvenir,
permanece acostado en una cuesta de incertidumbres y mierdas.
Restauro el día cuando el sol impostor guarda silencio.
Jadeo
siendo hombre en el dolor
y en la saturación de mi propio aislamiento.
-
II.
El perfume a lo tenue
moléculas de fraudes imperceptibles y
las tinieblas que aparecen desde la soledad de una oficina
que rezuma inseguridad,
es la adversidad y la tristeza
de reconocer que la vida
pronuncia trastornada
la resonancia de las huesos hincados en la opacidad de nuestro caminar.
Me niego a que me arrastre la primavera,
necesito distanciarme de este océano que me lanza hacia la orilla de los sociales,
semiesfera asfixiada entre elementos de aire
y la siniestra muerte de las verdades.
Ya no quedan caminos
cuando la conceptualización del lenguaje
nos enmudece.
Canet
El silencio de la incomunicación.
Estoico en la angustia de la ausencia,
llevo empotrado en el pecho
una bitácora estropeada de palabras y
signos indescifrables.
Barrunto entre los caminantes
el idioma del malherido
que surge del asfalto,
replicantes que se contradicen.
Acomodo con mis manos los días,
que detiene el fuego
y su sofoco,
la condensada niebla
que se deshace en mi piel deslucida
en su necesidad de acoger
la vorágine de este mundo.
Escribo:
El silencio de la incomunicación transforma en versos las adversidades.
Canet
Títeres sin vida
anárquicamente, despojados,
títeres sin vida,
todos somos actores en movimiento.
Primer acto:
Se entreabre el cortinaje,
aparece de frente una mujer vacía en tacones,
imperceptible.
No se quita la ropa.
Hueca e impalpable, permanece quieta con su ropa sin ver nada.
Dará igual si llega a taparse los ojos, o si los cierra,
fueron devorados por los cuervos de la incredulidad. No ve ni mira a nadie.
A su derecha un matrimonio octogenario se besa.
¡Cambio de escena!
Mi obra carece de amor. Hay un abundante silencio, un vacío.
Quien llegue a apiadarse de los personajes ya puede ir saliendo por donde entró.
Los prisioneros de Dostoievski se divierten a la rayuela con los grilletes puestos.
Jesucristo es el vigilante de turno.
Un analista y filósofo argentino me explica la razón de mis sueños
y el porqué de mi escritura arruinada.
Le digo que se marche con su palabrería barata.
Grito: ¡A la hoguera con el charlatán!
Vamos a calcinarle con mi nuevo mechero que he comprado en el chino del barrio.
Ahora,
una zorra da de amamantar a su cachorro.
Es una escena bella.
¡Que enciendan todas las luces, y se haga el silencio!
Segundo acto:
Cerremos los ojos, todos a dormir.
Vamos a creer que la ficción es una señora que vaga sobre nuestros párpados.
No me interesáis. Logro susurrárselo: Estoy estudiando cómo fomentar mi instinto de autoprotección. El que me observa sucumbe, el que me habla, agoniza.
El que perciba mi silencio, se extingue.
(No sé cómo terminar este acto. Pero tú. Tú. Abrázame. Que no me vean tiritar. No se lo digas a nadie. Escóndeme: soy un campo consumido de personajes comunes)
Tercer acto:
Justo en medio del escenario hay dos tipos.
Ambos me guardan rencor.
El primero se hacía llamar amigo, el segundo no sé quién es, o quizá sí
Los focos discontinuos y belcebú aparece diciéndome que es mi archienemigo.
Me coloco las gafas rotas y con voz encumbrada y simulada, pretendo decirles:
hay un aspecto hipotético y relativo, en el que los hombres no debemos rivalizar, sino todo lo contrario, debemos admitirnos y respirar colaborando tenazmente.
(me he quedado afónico, tengo carraspera. Casi siempre estoy ronco)
En mi mente continúo: en la vida como en el amor siempre se acaba perdiendo. El público pierde. Aquél pierde. Las zorras y los almibarados siempre pierden. Yo triunfo, y punto.
Lo extraño es que cuando escribo, salvo en ocasiones, me sobreviene la ansiedad.
Regresa la voz. Me sale delicada, vaporosa:
Transeúntes, déjenme en paz. Soy frágil.
Excesivamente tímido, cobarde y blando y no tengo fuerzas, ni pienso en tenerlas.
(no se escuchan los aplausos, normal ¡todo esto carece de sentido!)
Cuarto acto:
De nuevo la zorra saca las tetas ¿o era una loba? para poder lactar.
Guardemos un escrupuloso silencio.
Se escucha un leve susurro que dice:
yo observo a mi Mundo convertido en Mujer antes de cerrar los ojos, me giro y la veo. Coloco bien el edredón y beso su tersa frente.
No existe nada en la vida tan poderoso como advertir su sonrisa cuando duerme.
Su organismo y esencia son el universo al completo.
Fin
No hay nada que merezca la pena – me digo-.
Hay quienes se han marchado en el tercer acto, pocos lo hacen ahora. En la salida todos se habrán olvidado de lo que han contemplado.
Yo observo mis manos.
Están teñidas de tinta azul, y temblorosas.
Canet
Las calles de Madriz
Las calles de Madriz son breves caminos.
Puedo percibir que los recorridos saben a terremotos,
y duelen,
mis piernas, habituadas a transitar la lluvia,
mis piernas, habituadas a transitar la lluvia,
y conducen de memoria
los rastros nostálgicos posados en la barra de cualquier bar
-como si de propina se tratara-
como si fuera el coste que debo pagar por vivirla.
Algunas calles de Madriz están perfumadas con libros desgastados.
Somos sus protagonistas:caminantes incautos,
fumadores, embriagados que abandonan residuos
de dolor sobre los atajos.
Conozco el violín que se escucha cuando la ciudad guarda silencio,
casi siempre desafina.
La melancolía siempre se muestra afónica,
con apariencia hermafrodita, disfrazada,
trabajando como parásitos, perforando la piel.
Aquí,en la Villa y Corte
el apetito es amargo:
quizá seamos sobrevivientes mal nutridos
en senderos incompletos
bajo un cielo triste.
Canet
Descubriéndome en lo inacabado.
Como un gato relamo mis memorias,
con la lengua
despojo colores
que dejan pendidas imágenes
de mi acerbo pasado.
Transito encorvado
rechazando recuerdos desdibujados
y vuelo velozmente
bajo la bruma.
Percibo el perfume de la tierra domada
enquistada entre mis pies
mientras jadeo disimulando
la delicadeza.
Lamo mis cicatrices
para sanar.
Y una vez hecho
descanso en la quietud de descubrirme
en lo inacabado,
las vísceras autónomas y
el corazón al aire libre,
empapado,
palpitando,
repitiendo que el hoy y el mañana
están donde ella esté.
Canet
con la lengua
despojo colores
que dejan pendidas imágenes
de mi acerbo pasado.
Transito encorvado
rechazando recuerdos desdibujados
y vuelo velozmente
bajo la bruma.
Percibo el perfume de la tierra domada
enquistada entre mis pies
mientras jadeo disimulando
la delicadeza.
Lamo mis cicatrices
para sanar.
Y una vez hecho
descanso en la quietud de descubrirme
en lo inacabado,
las vísceras autónomas y
el corazón al aire libre,
empapado,
palpitando,
repitiendo que el hoy y el mañana
están donde ella esté.
Canet
Piel
Poseo esta piel mía
aferrada
al sendero dactilar
de los caracoles que trazas con tus labios.
Con camino melancólico
la espuma de tu boca a la orilla de mi pecho,
purificando una vereda inconclusa
hacia el deleite inenarrable.
Advierto desde lejos
diminutos orgasmos aflorando de
tus ojos,
tu piel y la mía:
masturbación construida por la palabra.
En la avidez del deseo adormecido
domino la lujuria más inmaculada que circunda con tu nombre,
no hay calma que desmenuce mi carne lo bastante.
No hay un trayecto de poesías adulteradas que
nos reclame inmolar la tiranía de la reflexión
ni altar que no se hunda
en la ofrenda.
Quizá seamos de carne y hueso
y devotos religiosos
pero ser átomos de nuestra sangre
nos ayuda a sobrevivir.
Canet
miércoles, 25 de marzo de 2015
Sin título 40
No me apetece seguir escribiendo. Me roba energía.
Hay algo en el desarrollo de la escritura que me arrebata todo lo que he ido cimentando sobre mi carne.
Menos aún me apetece leer. Todo lo que me hiere es la palabra y las manadas de hienas ansiosas.
Hace un tiempo vi como una caterva de hienas descuartizaban a un ñu.
Mientras le extraían las tripas y los ojos, el pobre ñu hacía lo posible para continuar respirando.
En ocasiones, creo sentir el vaho de sus bocas sobre la espalda.
Una horda de frases introduciéndose a través de la piel.
Me viene a la memoria aquel día en el que te pregunte qué pensabas de un tipo que escribe versos sobre los celajes.
No recuerdo si llovía o había amanecido. Te lo pregunté mirando al cielo.
Tú, pronunciaste nuestros nombres y acercaste la cabeza para posarla en mi pecho. Me rozo tu cabello y tu voz,
que suena a brisas y jabón.
Recordarte cuando no estás es sentirse como un ñu degollado por alimañas hambrientas.
Lo poco que sé, puedo escribirlo sobre una pequeña pared, y ejecutarlo.
Canet
Hay algo en el desarrollo de la escritura que me arrebata todo lo que he ido cimentando sobre mi carne.
Menos aún me apetece leer. Todo lo que me hiere es la palabra y las manadas de hienas ansiosas.
Hace un tiempo vi como una caterva de hienas descuartizaban a un ñu.
Mientras le extraían las tripas y los ojos, el pobre ñu hacía lo posible para continuar respirando.
En ocasiones, creo sentir el vaho de sus bocas sobre la espalda.
Una horda de frases introduciéndose a través de la piel.
Me viene a la memoria aquel día en el que te pregunte qué pensabas de un tipo que escribe versos sobre los celajes.
No recuerdo si llovía o había amanecido. Te lo pregunté mirando al cielo.
Tú, pronunciaste nuestros nombres y acercaste la cabeza para posarla en mi pecho. Me rozo tu cabello y tu voz,
que suena a brisas y jabón.
Recordarte cuando no estás es sentirse como un ñu degollado por alimañas hambrientas.
Lo poco que sé, puedo escribirlo sobre una pequeña pared, y ejecutarlo.
Canet
Y lloro...
Hoy al levantarme limpie nuestra casa de miedos,
remolqué hasta el contenedor
latosas maletas de todo y de nada.
A mediodía desinfecte la desconfianza:
quité de mi carne delgadas láminas de pellejo que,
como invisibles parásitos
profundizan con habilidad la grieta imperceptible del dolor.
Guardé en recipientes de cristal entradas de cine,
mapas de ciudades fantásticas, versos en posits,
hojas de ramos muertos y pedazos de mí,
heridas cicatrizadas.
Por la tarde te llamé.
Tu voz suena a brisas y jabón,
aseguras que soy demasiado críptico:
y me dices que la oficina está fría,
que lo que congela por dentro es lo eterno enrollado con briznas de hierba,
intento guardar silencio,
pero no sé muy bien cómo se hace,
desde la 47
puedo ver un mundo repleto de alimañas.
Si pudiéramos destripar la destrucción que nos arrincona.
En la noche cuando duermes
me hago pequeño,
nimio,
un irreconocible fragmento,
y lloro
hasta partirme en mil pedazos.
Canet
Vida
Mientras nos entretenemos jugando en la calle,
Ilusionados con la llegada de la primavera,
amarrando tallos al cabello,
salvando hormigas en masa,
contando gusanos y
caracoles en el sendero,
girasoles convalecientes,
eso que vemos que permanece
y que finaliza.
Es vida
Tan insignificante como eso.
Canet
Un pájaro nacido en una jaula, piensa que volar es una enfermedad. A.J
La circulación de los cerdos en trayecto contra la luz y
un conjunto de depredadores mordisqueando los pies.
Lo que quiero decir es que
no voy a escribir sobre aves ni árboles.
Las palabras me enjaulan
empapadas en la molesta indiferencia del dolor,
del aullido.
La poesía limita la respiración contra el pérfido,
progreso hacia el fin del principio:
Aspiro.
Pero hoy no me crecen alas en los costados
Jadeo líquido amniótico disuelto entre pedazos de vísceras y
estrofas.
Resoplar y asfixiarse requieren cierta capacidad,
“un oiseau né en cage pense que voler est une maladie”,
Acurrucarme con los coágulos de mi sangre y aceptar
que la única riqueza que tengo es mi inmensa aversión hacia la raza humana.
(Transcribo)
Si logras verme representando un vuelo
entenderás que me he entregado al silencio.
Canet
Sin título 39
Hoy quiero llorar durante la madrugada,
vas a escucharme y despertarás,
dirás algo sobre mi delicadeza, de mi locura y,
como no abriré la boca
insistirás detallándome que estuviste leyendo a Vargas Llosa y que pensaste mí.
Será en ese instante
cuando prolongue el sollozo.
Nada entenderás, nada porque
cuando gimoteo
no sé explicarme ni se me entiende, pero
te diré que hoy me caí de la bicicleta
porque soy algo zopenco y porque estaba escribiendo versos en las nubes.
Que me faltan metáforas, que soy demasiado textual y
simple.
Tan simple, repetiré entre lágrimas.
Solo quiero que me arropes, pensaré,
pero no sabré explicarme.
Necesito que cures mis heridas,
que me resguardes
que no te rías de mi despeinado, de mi orden
escrupuloso en la librería
que no quiero desempolvar porque los libros deben estar con su polvo.
Acaríciame
arrópame y acaríciame
que en alguna parte del cielo
estoy retratando santos y espaldas desnudas.
Quiero contigo una casa bucólica con ventanas donde mirar la lluvia,
una cocina mediana y una biblioteca con filmoteca.
No escucho lo que me dices,
sí, respondes.
Entonces
empiezo a dejar de llorar
porque hipar me agota y
porque me estás besando el pecho mientras yo
acaricio tu espalda sedosa.
Porque las heridas cicatrizan.
Porque ahora somos uno,
tenemos paz y mucha armonía.
y porque sí.
vas a escucharme y despertarás,
dirás algo sobre mi delicadeza, de mi locura y,
como no abriré la boca
insistirás detallándome que estuviste leyendo a Vargas Llosa y que pensaste mí.
Será en ese instante
cuando prolongue el sollozo.
Nada entenderás, nada porque
cuando gimoteo
no sé explicarme ni se me entiende, pero
te diré que hoy me caí de la bicicleta
porque soy algo zopenco y porque estaba escribiendo versos en las nubes.
Que me faltan metáforas, que soy demasiado textual y
simple.
Tan simple, repetiré entre lágrimas.
Solo quiero que me arropes, pensaré,
pero no sabré explicarme.
Necesito que cures mis heridas,
que me resguardes
que no te rías de mi despeinado, de mi orden
escrupuloso en la librería
que no quiero desempolvar porque los libros deben estar con su polvo.
Acaríciame
arrópame y acaríciame
que en alguna parte del cielo
estoy retratando santos y espaldas desnudas.
Quiero contigo una casa bucólica con ventanas donde mirar la lluvia,
una cocina mediana y una biblioteca con filmoteca.
No escucho lo que me dices,
sí, respondes.
Entonces
empiezo a dejar de llorar
porque hipar me agota y
porque me estás besando el pecho mientras yo
acaricio tu espalda sedosa.
Porque las heridas cicatrizan.
Porque ahora somos uno,
tenemos paz y mucha armonía.
y porque sí.
Canet
Cansado
Caminas sobre las aguas movedizas.
Tus extremidades no responden y no hacen otra cosa que enterrarse lentamente, mientras tú sólo puedes desgañitar.
Pero te han despedazado la voz y tu boca sólo esputa lamentos mudos mezclados con hiel.
Procuras aferrarte a las raíces vecinas pero no tienes manos.
Recuerdas que te las mutilaron el pasado día con aquel cuchillo oxidado.
Estás fatigado de combatir. Agotado. Exhausto. Marchito. Muy débil.
Sellas la mirada ,aceptas la derrota y que sea el cieno quien te abrace por última vez.
Canet
Tus extremidades no responden y no hacen otra cosa que enterrarse lentamente, mientras tú sólo puedes desgañitar.
Pero te han despedazado la voz y tu boca sólo esputa lamentos mudos mezclados con hiel.
Procuras aferrarte a las raíces vecinas pero no tienes manos.
Recuerdas que te las mutilaron el pasado día con aquel cuchillo oxidado.
Estás fatigado de combatir. Agotado. Exhausto. Marchito. Muy débil.
Sellas la mirada ,aceptas la derrota y que sea el cieno quien te abrace por última vez.
Canet
Sin título 38
Carrera de gotas por la ventana.
Nuevamente, me he proclamado ganador,
mi gota preferida ha llegado antes que ninguna otra al alféizar.
Nunca se te dieron bien las carreras.
Compartiendo sonrisas, tratas sin mucho éxito estar molesta porque no toleras que un intento de poeta te gane y decretas dejarme sin el montón de besos y caricias que habías traído para la sobremesa.
Pero olvidas que este intento de poeta conoce todos los enigmas que escondes y que no me costará más que una mirada para descifrar la clave.
Canet
Nuevamente, me he proclamado ganador,
mi gota preferida ha llegado antes que ninguna otra al alféizar.
Nunca se te dieron bien las carreras.
Compartiendo sonrisas, tratas sin mucho éxito estar molesta porque no toleras que un intento de poeta te gane y decretas dejarme sin el montón de besos y caricias que habías traído para la sobremesa.
Pero olvidas que este intento de poeta conoce todos los enigmas que escondes y que no me costará más que una mirada para descifrar la clave.
Canet
Sin título 37
Estabas tan abstraída con la lectura de Saramago que no te percataste que estaba lloviendo.
Fue un relámpago el que consiguió levantar tu atenta mirada del libro.
Al ver el fulgor en el cielo que había iluminado parte del salón, cerraste el libro,
colocaste el marca páginas que tiempo atrás te regalé, te atusaste el cabello con las manos y con una sonrisa, desapareciste del salón.
Te quedaste inmóvil unos segundos en el porche, junto a las bicicletas y las macetas de la vecina.
-La cólera del Universo o la irritación de su Dios-, musitaste al ver cómo las nubes cada vez derramaban más y más agua.
Fue entonces cuando te descalzaste,
te quitaste la chaqueta de lana y las gafas púrpuras.
Estabas preparada.
Diste dos pasos, abriste la boca
y dejaste que la lluvia te disfrutara como solo yo sé hacerlo.
Canet
Notas de un lector clavado al sol
Los buenos libros, la sublime creación se encuentra por lo general -uno o dos- cada década. Las excelentes interpretaciones literarias no sólo son incomprendidas sino también temidas porque para vaticinar un futuro deseable tiene que enunciar un presente patético, y eso no es noble para quienes gobiernan esta barca. “Lujuria", es la palabra que suelen usar. La librería de Ricardo (Pº de la Castellana, 45) es demasiado casta, por eso me apunta con su dedo disparatado y grasiento. Lo que indica que he llegado velozmente a ningún lado.
Los "supuestos poetas" nos hemos visto azotados por los autorizados y humanos en general; a Yukio Mishima le escupían y le martirizaban por ser afeminado, fue afortunado de tener una espada. Quiroga tuvo suerte de conseguir cianuro, y yo soy afortunado por poder escribir este montón de insignificancia, de darle al teclado, de poder contároslo.
No requiero misericordia para el que escribe, no solicito riquezas públicas, ni siquiera pretendo que me entiendan; lo único que quiero es que me dejen tranquilo en la alegría y en la atrocidad, en mi secreta labor.
Solo imploro eso, que me dejéis reposar en paz, sin dedos juiciosos. Os he permitido tener a las mujeres más agraciadas, los chalets, los BMW, los viajes, el caviar, los zapatos de 500 euros, las exequias más costosas, los Kandinsky originales, pero dejadme en armonía con mis "lascivas ideas" y señalad con el dedo a la caja tonta, o a las revistas de papel cuché con damas de carnes rosadas, insípidas, envanecidas, carne con rostro absurdo, manifestando una tremenda oquedad para que los menores se masturben y para que los sucios abusadores jugueteen con tocamientos en el parque infantil. Creo que cuando me señalan con el dedo- .."Ahí va el bohemio pornográfico"- en realidad hacen incursiones en su propia desconfianza y en su poca conciencia. Rabian y se desorientan en el fondo de su alma.
No pediré que me entiendan, no creo que me obliguen a tener que hacerles entender.
Sólo quiero que me dejen en paz.
Ahora estoy algo ocupado.
Canet 2011
Los "supuestos poetas" nos hemos visto azotados por los autorizados y humanos en general; a Yukio Mishima le escupían y le martirizaban por ser afeminado, fue afortunado de tener una espada. Quiroga tuvo suerte de conseguir cianuro, y yo soy afortunado por poder escribir este montón de insignificancia, de darle al teclado, de poder contároslo.
No requiero misericordia para el que escribe, no solicito riquezas públicas, ni siquiera pretendo que me entiendan; lo único que quiero es que me dejen tranquilo en la alegría y en la atrocidad, en mi secreta labor.
Solo imploro eso, que me dejéis reposar en paz, sin dedos juiciosos. Os he permitido tener a las mujeres más agraciadas, los chalets, los BMW, los viajes, el caviar, los zapatos de 500 euros, las exequias más costosas, los Kandinsky originales, pero dejadme en armonía con mis "lascivas ideas" y señalad con el dedo a la caja tonta, o a las revistas de papel cuché con damas de carnes rosadas, insípidas, envanecidas, carne con rostro absurdo, manifestando una tremenda oquedad para que los menores se masturben y para que los sucios abusadores jugueteen con tocamientos en el parque infantil. Creo que cuando me señalan con el dedo- .."Ahí va el bohemio pornográfico"- en realidad hacen incursiones en su propia desconfianza y en su poca conciencia. Rabian y se desorientan en el fondo de su alma.
No pediré que me entiendan, no creo que me obliguen a tener que hacerles entender.
Sólo quiero que me dejen en paz.
Ahora estoy algo ocupado.
Canet 2011
Sin título 36
Todos los elementos conspiraban contra mí de modo fortuito.
Entonces no me quedó otra elección más que la de esconderme bajo mi traje de hombre invisible.
Con ese aspecto me quedé varios días, así pude alimentarme de frutas con forma de notas musicales, letras minúsculas y signos indescifrables.
Era irregular, como la lluvia, como el ámbar de los semáforos, como el agua templada de la ducha,
como mis cuadros,como las bombillas de navidad,como el movimiento de los parabrisas, como mi caminar, como la sonrisa del vendedor del todo a cien,como los aullidos de aquel lobo imaginario,
como tu genio y la tos de la vecina, como las festividades del calendario y los silbidos de gente extraña...
Canet
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