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miércoles, 15 de abril de 2015

Susurro de lluvia


Y cuando no encuentre
el lenguaje
ni las lágrimas
me dejaré llevar
tierra adentro,
hasta donde diluvie
con tu imagen
mi alivio
y emane
el rocío tu perfume,
prisionera ya la lluvia
por el reposo,
para escapar
de esta
tormenta triunfadora.

Y tras mil silencios
y un solo destino,
sobre el lienzo del firmamento 
o entre los adoquines,
así, 
florecerá
tu voz, 
a oscuras
y desnuda,
sedosa
como susurro
de lluvia.

Canet

Sin título 49

Escuchad:
hay batallas que tenemos perdidas por adelantado:
os lo escribo 
y una necrosis particular
se propaga como aguacero mojando mi estructura,
y pese a ello,
no podemos rendirnos,
pues también los boxeadores vencidos
saben bailar.

Es sabido por todos
que existe
una procesión de todos los latidos,
una etnia de infames
que serpentean provocando náuseas.

Hay poesías que saben
que en los hogares más castos
se encuentra la gente más indecorosa,
aunque hoy,
al esconder las manos en los bolsillos
he encontrado un cabello tuyo
y una poesía sin empezar.

No me gusta que los combates estén amañados
ni relacionarme con poetas emperifollados,
así que mirándolo bien,
esto es lo que tengo:
un gran imperio
para un mundo tan pobre de ilusiones.

Canet

martes, 14 de abril de 2015

A favor



A favor de la cicuta y del ciprés,
a favor del soñador y su ronquido

y de su naturaleza trivial,
en defensa de las selvas y su tradicional
condición, a favor de la piedra
que el frío entierra de verde musgo,
para que haya peces en los océanos,
aves en el firmamento, abetos
en los parques, destellos en la noche,
y los mal llamados humanos
abandonen la celeridad
que lleva a la nada y que no advierten,
víctimas de una evolución decretada,
para que todo tenga sentido
una vez alcanzada la confusión
que es absoluta, 
y ensimismados en su avance
observemos sin pesar el paso del tiempo
y vivamos segundos, 
medias horas, 
días sin terminar,
resuellos de ser, 
único patrimonio.

En defensa de la fatiga y de la quietud,
en defensa de los cursos naturales
y de la indisciplina ante los lapsos,
por la luminosidad y por las armonías,
por los sabores, la delicadeza, los perfumes,
por el recreo y los sueños, y los no amigos,
a favor de lo que se ha olvidado,
de la concordia auténtica, de la calma,
de los versos enjuagados 
y del absoluto silencio.

Canet

Aquí arriba.





Aquí arriba, 
donde el cielo se apuntala 
en la dependencia 
de la tarde salpicada de 
goteras, 
las nubes empiezan a desnudarse.

Ventanas sucias 
escaleras arriba, 
donde la torre de babel no llega, 
como un confín perpendicular. 

Canet

Sacrificio

Las buenas intenciones no existen 
para quien escribe 
que padece entre versos, 
lleva con él un navegante perdido
que traza
gaviotas heridas. 

El poeta repta hacia lo insondable
porque la poesía no tiene callejones,
ni sentencias, ni tejados,
como la locura que no tiene puertos,
siempre extenuado,
nada sin destino.

Las poesías son calvarios
que se envuelven en nuestro pecho.
Cada instante vivido se estampa en palabras,
un animal nocturno que observa,
un puntal que se hunde en las entrañas.

Deambularé entre el verso,
tendré que encontrar la sensatez,
determinarme ante la nada.

La poesía,
un diminuto e íntimo sacrificio,
perfecto desafío lírico
que tras mucho tormento
parece no dejar indicios.

Canet

lunes, 13 de abril de 2015

Arrancándome la piel


Ayer me despegué el pellejo
no supe qué hacer con él
sólo sabía que me estorbaba. 
Logre sumergirme en un océano de fiebre,
en una urbe ruidosa, 
en ausencias de deseo ahogadas
para confeccionar la alfombra en la que la calma pueda descansar
cuando te llega mohosa e iracunda.
Ayer me despegué la piel
porque extrañaba tus manos,
tu boca, las cuchilladas de tus miradas 
y tus dulces e ilusionantes estímulos.
Las calles estaban repletas de humanos, 
aunque nada eran,
calles con abundante sangre pero de distinto dolor,
tan provocadores e independientes, 
tan sometidos al responso por la imagen.

Me extirpe la piel 
y fueron desgarrones declarantes de la zozobra,
después me miré a un espejo 
y pude ver mis entrañas;
no eran bonitas pero si auténticas. 

Solo anhelo ser lienzo
en este instante muerto de muladar,
sonrisa o arañazo deleitoso
e infectarme de versos 
para expirar en ellos 
celebrando el desperfecto
de las palabras.

Cohabitamos abrasados
solicitando morir en la acrobacia de la caricia.
Continúo viendo gente que no formula preguntas, 
tan solo esputan sentencias.

Cuando me esconda, 
seguiré inyectándome sueños
para esbozar aullidos con la hipnosis 
que me ofrece tu presencia
que amortigua la existencia, la existencia que es trapo húmedo, 
hoja en blanco, casa vacía 
e indiferencia.

La poesía como exclusivo 
camino luminoso
que destruye y dibuja el alivio
en el vientre de los soñadores.

Ayer me arranqué el verso, 
quedó una hendidura, 
una ciudad muerta, 
un desvelo dañado. 
Me lo quité cual esquirla, 
con los dientes coléricos, 
tiré de él hacia fuera 
te lo dedico tan rubí, 
tan calado, tan mutilado, tan de amor insurrecto,
y no me canso. 

Canet

Escribiendo (ardua tarea)


He empezado a escribir a las siete de la mañana: 
he pasado una noche en la que no me fiaba de mí, 
una noche más con cien versos rondando,
una noche más soñando con quien me acompaña 
siempre
y en escribirle de una vez
la mejor poesía que se haya escrito;
escribir una noche exacta.

Definitivamente me siento extranjero en este mundo,
me gustaría pensar 
que solo estoy de paso
pero la vida se obstina en esparcirse 
a punta de impactos de mañanas peliagudas,
tardes exageradamente luminosas
y noches largas.

Quizá deba cerrar los ojos e intentar dormir,
soñar de una vez,
pero aquí estoy, café en mano y cigarro en labios
escribiendo sin saber muy bien qué,
roto,
melancólico,
con la espalda dolorida,
y el cuadro sin terminar.

Madriz y sus estaciones imprecisas,
una ciudad asfixiada.
Me estoy haciendo mayor,
y según se aproxima el peligro
medito en un futuro,
para reposar y divorciarme del dolor.

Ardua tarea la de seguir escribiendo,
como la de despertar cada jornada
salir al mundo
y no hallar quietud,
un aliento fresco,
empatía cercana,
un consuelo de palabras
que me ayuden a mojar
esta sequia del no ser
y poder esparcirme
hasta ser completa disolución.

Canet

Apuntes desde la cuadragésimo séptima planta, 8





1.Os quitáis una piel que nunca supisteis que estaba 
y mostráis las entrañas con dignidad, 
los riñones, el corazón y los bronquios
empuñados, 
el interior como un puñetazo que logra sacudirnos, 
a exhibir la vida
como un mundo invasor, 
a agarrarnos entre júbilos, 
a evidenciar vuestra capacidad
al hacer resplandecer nuestra mierda 
y a lo bien que nos quedan los trapos 
confeccionados con pasión y 
tormento.

2.No deseo lavarle la cara a esta luna perversa 
que de noche en noche resucita en su iluminar 
y me susurra cosas insólitas. 
He aprendido a estar levantado 
cuando el resto navega en un océano de incertidumbres, 
representan asombrosas tragedias, 
o fenómenos sorprendentes para adormecerse al rato.
Duermen como Cerbero, vigilantes, 
para asomarse como sólo se asoman las adversidades.

Canet

viernes, 10 de abril de 2015

En la calle

En la calle más entristecida, una reflexión,
casi un aliento,
un susurro de gentío que se hieren,
con un frío de botones desa
brochados.

Escribo con sorpresa símbolos y camino,
camino y me duele,
escribo palabras, otoño y dolor
y continuo ignorando qué es poesía.


En la calle sin color y sin nombre,
con una urgencia averiada,
te pienso...,
mas, sin embargo
adopto una sensibilidad de paraguas
para llover con los ojos
sobre lo que callo y tu ausencia.


En la calle más mustia
termino estas líneas que recorren inseguridades
incomprensiones,
percepciones

y soledades.

Canet

El día de mi cumpleaños

             
















El día de mi cumpleaños casi siempre hace frío.
Es jodidamente otoño, 
aunque todos los diecinueve de noviembre hace frío.
Sé tal cosa porque una compañera de clase
murió un diecinueve de noviembre, 
y vi cómo tiritaban sus padres el día del sepelio,
recuerdo las estalactitas bajo los párpados que
cubrían sus pálidos pómulos,
también recuerdo al cura dando un sermón incoherente para un niño de diez años
que solo quería disfrutar de su cumpleaños.
Cada año, cada diecinueve de noviembre,
la historia se repite: el frío,
las estalactitas saladas,
el cura ininteligible
las ganas frustradas por celebrar.
Éste último diecinueve de noviembre,
hizo sol,
demasiado sol
y yo me acordé de sus padres y del camino al camposanto.
Una vez le oí llorar y que decía que la vida le debía una
por haberle robado a su única hija.
Y yo
mientras disfruto del sol de otoño
pienso que no sería capaz de calcular
todo lo que me debe la vida.

Canet

jueves, 9 de abril de 2015

Desvestida

Aunque parezca desorbitado
después de observarte tan desvestida,
desahuciada de decoro,
desterrada por una tarde de tus fatigas
emigrante en las mías,
santa polizona en nuestro sofá salvavidas.

Después de tanta piel desprotegida
y tantas ganas de dormir.

Después de todo.

Te vi desarropada
realmente
cuando leí tus ojos.

Permíteme seguir descifrándote
en todas tus páginas
de piel y de huesos.

Canet

Pedaleos


En la soledad de mis pedaleos

veo cómo crecen sigilosos los árboles 
del paseo
escucho a los gorriones
y a las cucarachas.
Moscones y mariposas travestidas
se alzan apasionadamente
mientras en lo alto
del firmamento
una paloma protesta.

Angustiarse por la muerte es trivial.

Árboles y gorriones,
cucarachas y moscones
sucumben constantemente
y continuamente vuelven a originarse,
hechos ambos
a los que ninguno de sus semejantes
otorgan la menor trascendencia.

Angustiarse por la muerte es absurdo.

Sería mucho más conveniente preocuparse de la vida,
pienso mientras pedaleo.

Después llego a casa,
saco el caballete y enciendo un cigarro
y admito que a la gente no le inquieta 
ni la muerte
ni la vida
sino encender el televisor o leer los guasaps.

Creo que tanto aislamiento
termina por enloquecer.

Canet

Apuntes desde la cuadragésimo séptima planta, 7


1.
Somos
un hogar vacío precedido por la oración:
los que amamos
escribimos,
los que tiritamos con la entrega,
escribimos,
los que lloramos las poesías de otros,
los que nadamos infiernos,
los que gemimos soledades o
aullamos la ausencia.
Somos,
aquellos que nos contemplamos en piel y
pesimismo.

-el pánico -
(os veo saltando sobre el abismo)

La vida
se empeña en hacernos creer que no podemos
caminar sobre una cuerda:
el verso de tus labios arruina la palabra,
tu piel
vasija de mi orgasmo
y el sueño
un lugar que nos ampara en silencio y arruina la razón.

2.
Abrir los ojos en un futuro repleto de puertas
más allá de la educación del verdugo,
desorientarnos
en el altar mórbido de las cenizas,
sentir rodar nuestros residuos
como si fuesen espantosos correccionales
y fumarnos la opresión
en el perfecto renacimiento de nuestra especie
atestada de monstruos y talismanes
de lugares que arden en su descomunal imperfección
o, tal vez, en el evangelio negro de un pelo
adentrándose derecho al corazón, implacable
como sólo penetra un secreto derrotado e invalido
por la poesía.

Un cargamento de interrogantes
enervando la paz de los países
colocándonos frente a frente ante el miedo, histéricos,
entusiasmados,
silenciosos
con la firmeza de los psiquiátricos
mirando la perpetuidad del mar
que se burló sin misericordia
de la catástrofe de su oleaje.

Tengo la conducta divina
de un ser que se detiene en medio del monte
porque escuchó ahogarse un orgasmo entre los zarzales,
además, ostento
una plusmarca de aullidos
y un funeral de cuervos.

Canet

miércoles, 8 de abril de 2015

Personas.

Personas dúctiles,
sin luz bajo los párpados,
mansas,
de plástico,
afectuosamente teledirigidas
por otros quizá
ínfimos
pero más preparados.
Personas peonza,
maleta, florero,
peluquería,
oficina,
"si dígame,
como usted mande"
y mejor ni interrogues
que no entiende ni responde. 
Personas laxas,
despensa,
personas corbata,
barriga, culo y teta,
labios entreabiertos
que tragan de todo
y no se manifiestan,
mucho menos discurrir.
Personas sofá,
de entremés y coca cola,
del PP o del Psoe,
de telecinco, de la dos,
o de la Cope.
Personas aspecto,
etiqueta, 
hipster o decimonónico. 
Personas vestigio,
estandarte
tan estériles en su brebaje
de colores falsificados,
personas palabras falsas 
por quien levanta fronteras.

¡Cómo me duele vuestra eliminación
progresiva,
vuestro pellejo de hormigón delicado,
vuestras deudas en colmena
sin la sabrosa miel de abeja,
vuestro conversar enloquecido
de todo y de nada,
vuestro esconder con palabras autorizadas, 
vuestro disimulo defectuoso,
vuestro : “creo que va a llover”
vuestro manoseo a los teléfonos 
de última generación… 
vuestra sombría práctica!

Canet

Jamás seré un hipster.

Jamás seré un hipster,
escribir versos es un alumbramiento que cuando se comienza 
ni el mejor de los progenitores está listo para la hemorragia,
para la nutriente de una estrofa,
ni para el aullido hondo y esencial cosido al cuello del vientre.

Jamás seré un hipster,
agitado y jodidamente quebradizo os lo advierto,
rajado en canal y quejumbroso,
limítrofe al rugido de la vida
o al frágil fastidio de la muerte.

Detesto a las aves que no saben de sexo,
siento aversión hacia los árboles que hablan de mi sin conocerme,
porque conozco una brisa desnuda
que es armonía, vehemencia y alivio,
conozco una niebla colérica que hace al horizonte diminuto,
conozco a un vagabundo en la noche de todos las soledades,
dormido en la calle.

Jamás seré un hipster,
jamás tendré unos zapatos de señor mayor,
ni mi nombre brillará tras un escaparate,
nadie vendrá a fertilizar
el retumbar de mis entrañas.

Y llegará la noche,
como siempre,
con su decisión y sus demandas
con sus suspiros,
intranquilo sueño marchito como la flama de una vela:

Yo solo quiero una librería,
una pequeña librería,
cercana,
apasionada,
una librería donde sonreír y despeinarse
rodeado de sirenas
y de marinos cálidos con brazos gruesos y tatuados.

Porque quiero a los vástagos de todas las predilecciones,
quiero la delicada arteria de los rotos,
la almendra de tus ojos,
quiero las páginas viejas,
el polvo,
los estantes de roble,
la cumbre de todos los títulos,
la sonrisa del mendigo,
el miedo a los cementerios.

necesito de la poesía
y de la soledad.
Jamás seré un hipster.

Canet

Desvístete frente a la noche.


Estas noches primaverales nos declaran
con el azul,
que la brisa arrastra al cielo
la proximidad del verano 
en los días sin noche
que acercarán tristezas,
de esos momentos desperdiciados
en el invierno de tu cuerpo,
en el plenilunio lechoso de tus ingles,
en el arrecife rosáceo
del seno que el brasier ha delineado
con lenguas eclipsadas.

Desvístete frente a la noche
que la luna será testigo
del seísmo de tu carne entre mis manos.

Canet

Sin título 48

Cambiar como la serpiente el tegumento de la vida, 
guarecerme en otra existencia,
disfrazarme de cualquier otro.
He podido haber sido muchos,
en las infinitas composiciones,
en las eternas variaciones
de sangre.
El hombre al cubo
colmado de líquido amniótico y confianza,
aquel que escribe flemáticamente
sentado en un banco cubierto de otoño.
El tipo que inspecciona a ciegas
las heridas de un mundo resquebrajado,
aquel que dejó de esperar algo,
el que se levanta cada día esperando
algo distinto.
Presintiendo que la vida
después de todo
contiene esquirlas de sentido.
Pero no fue así,
me tocó ser aciago –pese a todo-
intento de poeta e incomprendido superviviente,
de vida ondulada
que se entretuvo un instante a contar y
restó felicidades
sumó carencias
multiplicó aislamientos
dividió las sonrisas
y yo soy la diferencia,
un resultado incorrecto.

Canet

miércoles, 1 de abril de 2015

Vencido.

Vencido por tu mirada, 
mi insignificante figura carece de límites. 
Reluciente líquido
en el sendero grisáceo permito 
que disfraces mi cuerpo 
de poeta extraviado,
de pintor cósmico,
de ingenuo lector.

En tus pestañas soy descomunal,
jamás me siento feo
en el paréntesis de tus pàrpados.

Y a pesar de los años,
de las caídas,
de las lecciones
de tu ausencia,
de la despojada inocencia,
creo que a fin de cuentas te adeudo mucho,
el alivio de reconocerme vivo
eternamente,
extraviado,
cósmico,
ingenuo,
Yo,
en el inciso de tu parpadear.

Canet

Estas líneas.

Como las teclas de un piano
espero los dedos de tus manos tocando
esta dañina convulsión de mi núcleo.
De mi deseo que aguarda una señal
para agrietarse, 
para admitirte desesperadamente dichosa.
Alejarse del líquido amniótico del ayer,
retoñar amnésicos los dos
y entre caricias y conversaciones
inventar un planeta distinto.
Despiadado,
complejo,
tenebroso,
defectuoso.
Como el que habitamos,
pero nuestro.
Agárrame la mano,
traspasemos el umbral
de tus miedos y mi desconsuelo
hacia una nueva existencia
que persista lo que perdure nuestra historia,
el resto de tu vida,
de la mía,
una eterna noche.

Estas líneas.

Canet

Mi niñez.

Mi niñez son insomnios de mis progenitores, 
fragancia necrológica en los libros, 
miedo a regresar solo a la escuela. 

Un anóteselo en la cuenta a mi madre,
una casa afónica,
mientras suena el timbre
y una nueva deuda sin pagar.
Pan con mantequilla y a la calle
con pantalones reventados
y varios descosidos a juego.

Es un coche sin pilas y un bolígrafo
por los reyes majos y unos cuadernos usados.
Cuidar de mí
entre tipos duros con jeringuillas
y cajas de cartón.
Sueños dulces con yonkis,
mi padre enflaquecido
la abuela desdentada
muñecos rotos de cualquier barrio.
A veces,
un rayo de luz,
un domingo en el campo -jamás playa-
y chupar lentamente el palo
de un dominical helado.

Y de nuevo a tolerar,
drogadictos sueños.
Por la mañana oler a muerto con patatas guisadas,
a excrementos metálicos.
El silencio interminable,
el oscuro camino a la escuela,
mi madre demacrada
por las deudas y la fregona en escalera ajena.

Un plomizo manto de triste escoria,
de flores que no germinaron
esconde la tierra de los años de mi infancia.
De aquel fugaz edén engañoso
que nunca me dejo entrar y
que cada día
por algún maldito delirio
logro extrañar.

Canet

Demasiado frío para ser abril.

Emborracharse y masturbarse obsesivamente, 
no es necesario bañarse si ella no está 
y el agua es glacial. 
Ligeramente notar que te gastas, 
ver como se escapan los días y crear 
cuando nadie te lo exige,
reírse del ayer.

Hace demasiado frío para ser abril.

Toser con fascinación,
destruir el pecho
hasta morir.
No importa que la cama siga sin hacer,
tampoco que la nueva vecina enjuta y rubia
abra la boca para no decir nada.
En el piso de arriba se está duchando
y hay quien piensa en el agua caliente
cayendo sobre su piel amarillenta y deslucida
como la de unos zapatos ajados.
Su claustro materno populoso
consigue entristecerla y
sus pechos yermos la hunden.
Aunque sonríe por su habilidad al tender la ropa,
luego se arrepiente.
Oprime su sexo con las manos,
tiene miedo.

En el curso de descomposición
el patio exhala un desagradable hedor,
quizá sea el orín de los gatos
el sumidero,
los poemas grasientos
o el tizne de los lienzos.
Hay un exceso de libros viejos en perfecta
armonía con toda la mierda del mundo.
Es tarde,
y solo se escucha la televisión de la vecina,
un drama norteamericano,
la actriz protagonista tiene una voz desagradable que la turba,
mientras los humanos juegan en la calle con la basura
y braman como demonios.

La bóveda dejó de ser celeste para ser renegrida
y proyecta
imágenes de vehículos que pasan aullando,
máquinas
que golpean la delicada luz que se filtra
entre los visillos mal echados.

Canet

Sin título 47


Y abro los ojos y es martes y abril
cuando los tambores difunden señales de primavera.

Se estiran los destellos del alba
y suenan las aves en el aire
cuando el firmamento, despojado,
se ensambla al gris del suelo.
Solo estoy aquí,
una imagen contemplando tu visión
mientras respiras tan lejos de mí,
que en la latitud que te oculta
apenas soy un confín aspirando tú mismo aire…
que tortura luce esta distancia
a la que ni mi piel
puede arribar para protegerte.

Canet

Haciéndonos lluvia.


Mucho mejor de este modo, 
jadeándome,
consumiéndote lentamente 
como si fueras una pastilla de jabón 
en la humedad de mis manos.
Mi boca famélica,
mi secuaz lengua…
así,
beodos del instante,
cegados,
cuando nuestras esencias
solo advierten la llamada de la carne
y se desmoronan,
nos enterramos entre las sábanas
empapados por las brasas,
y nos hacemos lluvia,
agua de diluvio,
indiscutible armonía
ante el estrépito tenaz de la noche.

Canet

Sin título 46




Andar sobre el manto nocturno
como si eso fuese
la conclusión de lo infinito.
Un espacio formado de vendavales y de niebla,
mientras el apremio de morir
queda suspendido
en las briznas de tu piel
y de los versos
que al escribirlos
nos desvelan su destello.

Canet